Ella pasaba largas horas de largos días sobre las playas de Mar Del Plata; No por nada particular, o quizás si, pero ella amaba ese hermoso lugar, hay una parte de su ser interior que la ató allí por siempre, y aun sin saber bien, ella continuaba...
Continuaba mirando como las olas chocaban y arrastraban la arena y tantas cosas más hacia el centro del mar. Apreciando tal momento no hay agujas ni relojes que despertaran a esta muchacha de su sueño eterno. Ella tampoco querría hacerlo, de ninguna manera, si estaba en la plenitud. Ella se sentía como en lo más alto del monte Everest sin haber escalado ni un centímetro, simplemente llegando ahí levitando, por una suerte de magia, mirando hacia algún lugar, pero sin un punto fijo, mirando sólo y por mirar el más allá, intentando delimitar donde es el principio y donde el fin. A veces lo que la naturaleza te puede dar pasa por sobre toda figura humana y tecnológica, atraviesa todo límite entre amor y placer, y simplemente te dirige hacia esos lugares encantados que están en el fondo, siempre en el fondo de las cosas logramos encontrar su néctar más puro, su realidad, su pasión, el lujo más lindo dentro del mundo de lo intangible.
Y por una extraña razón, ella estaba allí, simplemente sola, con el mar, su alma y su locura que la amarraba a aquel maravilloso mundo de las purezas. Si había otras personas, ella ni lo notaba, ni le generaba un real interés, pero por sobre todas las cosas, ella no los podía ver, simplemente no podía, estaba inmersa en aquel mundo donde estaba ella, su más allá y nada más existente dentro de este mundo.
Toda una multitud de personas se frenaba al verla, por un extraño motivo les llamaba la atención su figura, pero ella no tenía reacción alguna, ella ni los miraba. Lo único que podía sentir era un lejano susurro que ni siquiera estaba dirigido hacia ella. El mar, su inmenso hogar, tan infinito como la pureza de su alma, la invitaba a quedarse allí por horas, encegueciendo sus oídos, haciendo sus ojos sordos.
Ella tenía una vida inquieta, ser madre de todo un pueblo no es una tarea muy fácil, pero lograba subsistir, quería vivir una eternidad de vidas.
Cuando ella se alejaba de aquella playa, el tiempo comenzaba a amenazas, el sol anunciaba la llegada de la noche y la brisa el frío marino. Entonces ella debía retirarse, irse a algún lugar, o cualquier lugar, que algunos conocen como "casa", aquel infierno sombrío que la acorralaba entre cuatro paredes color café despintado y roto.
La vida era siempre la horrible y agotadora rutina de esperar lo que depare un destino incierto y de hacer...Hacer siempre lo mismo, con los mismos seres y para los mismos seres, repitiendo las mismas acciones una y otra vez, alimentando a terceros, alimentando sus objetivos, limitándose a ser lo que quieren y no lo que ella, era ese asqueroso, natural "círculo vicioso".
A ella mucho los vicios no le gustaban, por más que tenía unos cuantos... y sin superar. Pero los vicios dejan de ser buenos cuando comienzan a molestar. El vicio de este círculo cada vez era más repetitivo y cada vez demandaba más y más de ella; Su cuerpo y sobre todo, su mente comenzaba a decaer, sosteniendo que de aquel círculo no habría salida alguna, ahogándose sola en un pensamiento profundamente oscuro como el invierno mental por el que estaba atravesando su mente. A veces lo único que necesitamos es, ni más ni menos, que un poquito de amor...
Lo que son las cosas... Los días pasaban y el círculo vicioso iba alterándose, cada vez más rápido, como un torbellino vicioso sin fin, no podía parar, y ella sentía que ya no había más escondite de donde sacar fuerzas para continuar luchando, su vida se sentía tan vacía como esas copas que dejó en un bar, tan agotada como su corazón, estaba comenzando a conocer un límite, a conocer un fin, su fin.
Pero siempre hay algo que te renueva la energía, siempre hay vida hasta cuando avecinás solo con la muerte, hay un alivio después de tanta guerra, donde ella encontraba su paz, su tranquilidad, su más profundo ser. Allí lo encontraba, mirando las flores y el mar, nuevamente. Ante tal hermosura no hay cuerpo que no se tranquilice, aquel lugar tan pacíficamente irreal solo dejaba que exista ella con su queridísimo reflejo.
Comenzó a mirarse sobre el mar, el reflejo la miraba a los ojos y le respondía toda y cada una de sus inquietudes, parpadeaban a la par, se hablaban sin necesidad de mediar palabras. En algunos momentos no hay mucho más que decir, el corazón te deja sin palabras, así es como ella se sentía, anonadada. En aquel momento, sin importar nada más que ella, es decir, aquel reflejo del alma perdido en el mar que no podía parar de mirar, comenzó a volar.
Poco a poco, el reflejo comenzó a alejarse de la orilla, ejerciendo una forma de hipnosis sobre el cuerpo de ella. El agua estaba tan fría...¡Cómo duelen los inviernos por allá! Pero más, mucho más duele cargar con la catástrofe de un alma herida, hundida más profundamente que un alma en el mar. A veces sentía que simplemente no sentía nada más, y solo se dejaba ser, sin cuestionarse, sin mirar atrás, y eso era lo que ella estaba sintiendo, puramente.
Ese reflejo molesto... Seguía llamándola, y ella, sin notarlo, poco a poco se fue sumergiendo sobre aquel mar que tanto amaba. Ya no lo estaba apreciando más desde desde su orilla cuestionando tal inmensidad, se estaba haciendo inmensa junto a él.
Por una extraña razón ella no podía emitir sonidos, y poco a poco fue perdiendo muchas cosas; la respiración, los parpadeos, la audición y... su fuerte corazón, ya muy cansado, había dejad de latir. Muchos seres humanos creían afirmar que había desaparecido, que había muerto, pero ella estaba allí, en su plenitud, su profundidad, emergida en su vida eterna. Ya sin círculos ni vicios perturbadores que hacían mucho mal, ni tristeza contundente, ni hoy, ni mañana, ni ayer, estaba solamente ella, ella y el mar. Ella y su amada profundidad.
Ella siempre gozaba de admirar como el mar acariciaba la arena y llevaba consigo a lo más profundo de sí a tantos objetos sin valor alguno que estaban costeándolo, aunque siempre le inquieto tanto saber cuál era aquel lugar, qué secreto tenía...La inquietó tanto que un día formó parte de esos objetos, y llegó hasta aquel misterioso lugar, sin siquiera creerlo, ni tampoco intentarlo de algún modo; La vida siempre sorprende, su vida era vida sin armonía y fue ahí donde su vida comenzó a ser vida, y no lo que vagamente se llama vida en este mundo, comenzó a ser vida puta, sentimiento floreciente, alma libre y espíritu alegre.
Sin más que decir ni pensar, quedo ahí, y ahí está, se hizo eterna bajo el mar, en su eterno y maravilloso mundo que jamás un ser humano hubiese pensado. Es una ironía muy grande el hecho de que un ser humano haya entrado en aquel estado de eternidad dentro de sí al entrar a lo más profundo del mar, alejándose de "algo" para estar más cerca de todo lo que necesita, pero lo que entra a un alma no siempre está dentro de lo posible, ni siquiera lo imaginable. algunas veces, lo que nos alimenta se encuentra tan dentro de uno mismo y tan al fondo que a algunos les cuesta entrar, y mucho más llegar, pero es simplemente un viaje más en este maravilloso mundo que es la vida. Quizás en tantos eternos viajas uno olvida los anteriores, e incluso de si mismo, pero no hay nada más lindo que la vida vivida vivamente.
"Creo que lo más maravilloso de este viaje, es que no sé en que mundo encontraré algún puerto para anclar. no sé a que se abrazará mi alma ni creo regresar, no sé si mañana recordaré lo vivido, porque en este eterno viaje se desconocen los "mañanas". Lo que si sé, es que soy profundamente la muchosidad de la vida vivida desde el más allá. El viaje, este viaje sin fin, es mi vida."