¿Quién no ha tenido alguna vez un amor repentino? Tan real como intangible, tan sentido y tan extenso como un segundo.
Este post tenía ganas de dedicárselo a los amores de recitales, esos amores que sin ser amor son más que todo, que no necesitan de nada más que una basta cantidad de miradas y acciones, a veces sin palabras, a veces pequeños gestos que dicen todo.
Una vez me enamoré en un recital. Creo que para el amor a veces no hace falta más que autoconvencerse. Yo sé lo que es real porque a mi parecer la realidad está en cada uno y en lo más profundo de sí; en lo que siente. Entonces, para mí, el sentir amor, puede darse de un momento a otro, y así terminar, es relativo, casi tan relativo como la vida pero aún no se ha llegado a esos niveles.
Todo empieza con una mirada, puede seguir con dos, terminar con tres o con un aceramiento. Nos hacemos los que no nos miramos, nos acercamos en unos pogos, hacemos de cuenta que la inercia de las masas nos hace estar más juntos; mentira. Y seguimos cantando, sintiendo lo mismo, saltando, agitando buenos rocks, brazito de acá, brazito de allá, saltan abrazados, flashean un poco.
¿cómo te llamas?
El show continua, se viene el tema tranqui, abrazo, besito
Se termina el show con la cancion que todos piden, se agita un sinfin de veces, te tengo que despedir.
Nunca más volver a verse
amor amorado
recital
No hay comentarios.:
Publicar un comentario