(A los versos tristes
antes que
nos dibujaban)
Solía sujetar tu mano
y decía:
existe ningún paraíso mejor.
Entre cálidas sombras bajo sol:
solía alimentar mi corazón, solía:
burlarme en arduas melodías.
Plusvalor en dos ojos negros: era
placer hecho encuentro: preguntaba
por qué el tiempo todavía os alejaba.
Entre noches y soles prohibidos: parecíamos
dos locos desconocidos
rozando cielos que acarician
y no saben que existen aún
los suelos, debajo de los sueños, ofician:
cuentos contando desencuentros
más no podría decir de lo que somos:
abrigo de los que lloran y encuentran,
en cálidas promesas adioses.
Aroman vidas
otras nuevas despedidas, con su olor:
rancio, pudriendo despacio
con el sollozo de un "nos vemos"
triste y feliz
cálido y fresco
abriendo y cerrando:
así es nuestro cuento;
un final abierto.
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