Se emancipan las letras
de las ataduras que teje el pasado.
Se rompen los contornos
de la ortodoxia
que
enemigó la subversión.
Se duerme el cantar,
soberbio,
y torbellinos libres
abren las raíces que
nos quieren aferrar
mientras
unas pupilas y su mirar,
mueren en el día que
no saben vivir
(una elección)
de estar muertas aún latiendo
aún con sus pestañas dulces
enredándose en las hojas de un árbol
aún con los brazos quebrados,
abrazando invisibles.
Y se emancipan las letras
matando ese mirar.
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