Es un madrugón, y un madrugón sin sentido. Hoy me desperté temprano, hice varias cosas, tuve un día movido. Bueno...quizás no del todo "movido" pero un día lo suficientemente agotador como para que sean las 3:30 a.m y tenga sueño y no un desvelo que me vuelva loca.
Todos los días -aunque en realidad todas las noches- el desvelo se presenta ante mí con un plan sorprendente, siempre descubro algo nuevo, o redescubro algo parcialmente desconocido. Pero mi desvelo hoy es particular, no tiene un sentido totalmente buscado por mí, ni sé cuál será su sentido, pero simplemente sucedió.
Sucedió que estaba en la computadora, como siempre, leyendo el "tuister", chateando con algunos amigos virtuales, riendo un poco de publicaciones y de repente me paro y voy a la habitación de mi mamá a buscar la caja de las fotos viejas. No sé que estaba pensando, no se que me llevó a querer ver de nuevo fotos viejas, no fue algo que haya pensado anteriormente, fue un impulsó que se dió, ni más ni menos que eso, aunque suene totalmente loco, dado que no sé a qué cantidad de personas se le ocurre ver fotos de hace 15 años o más un día jueves a la madrugada. Pero sin ser tan redundante ni compararme con la sociedad quiero expresar lo que sentí. Quizás haya sido de esas señales "mágicas" o casuales que nos suceden, pero por el momento yo lo llamaría algo desconcertante.
En casa hay 3 cajas con fotos viejas, pero como tenía que subirme a una silla -que esta rota y podria haberme pegado un terrible golpe- agarré la más cercana, me limpié el polvo de las manos, le pasé un trapo -porque el polvo es terrible- y la abrí. Había tantos álbumes que no sabía por donde empezar, asi que -nuevamente- opté por la opción más cercana.
En el primer álbum vi fotos mias de cuando tenía tres años. Tan risueña, loquita, tan acompañada por mamá, por papá, tan feliz (se me notaba en la cara). Me sorprendía mucho que mi cara era exactamente igual a ahora -con una diferencia de años- pero me encantó verme, fue un viaje en el tiempo.
Al segundo y tercer album, pasando fotos comencé a ver caras...Caras que no están mas cercanas a mi vista, que se fueron a algun lugar del cual no se regresa, caras que no laten más en este mundo, y ahí comenzó el descontento.
Vi a mi abuelo, Miguel, con el gorrito de argentina y una sonrisa que le rozaba las orejas, pero lo que más me impactó fueron sos ojos -que heredé de él- azules y profundos como los océanos más lejanos. Él falleció cuando yo tenía un año, y me hubiese gustado tanto conocerlo, descubrir que pensaba, que decían sus ojos, que cosas divertidas me iba a enseñar...Pero la vida lo quiso así, como a mi abuelo Luján, que la vida se le terminó cuando yo era muy chica, y mis recuerdos -pobres- hacen memoria de él como el que me enseñó a atarme los cordones, el que me hacía mirar boxeo y tenis a upa suya, el que fumaba todo el tiempo, pero el puro DonLu, que me daba amor.
Continué mirando y llegaron las fotos de Bariloche, donde estaba la abuela Cándida, y ¿Cómo olvidarla? Una guerrera de la vida, me defendía en todo momento, me protegía muchísimo. Me ponía los puntos, pero me amaba tanto... Tantas noches la he hecho mirar "Arnold" conmigo, y recuerdo que le decía "abu no te duermas, abu no te duermas!!!" y ella -muerta de sueño- hacia fuerza con los ojos chinos. Su paso en mi vida me marco muchísimo, y mis recuerdos la lloran.
Después de todos ellos ví una foto de mi abuela Angelita, la cara de la inseguridad, siempre creía que no la quería porque nunca he sido demostrativa afectivamente (si supiera cuánto la amaba). Ella era tan inteligente, era como un wikipedia abierto, siempre tenía respuestas para todo, siempre -aunque usaba anteojos y lupa- leía, se formaba, cada vez más. Siempre me compraba (con las miguitas que le daban de jubilacion) caramelos, siempre me hacía la chocolatada con leche en polvo, comía mayonesa ades sin huevo, manty, casan crem, galletitas sin sal, kilos y kilos de helado, tenía sus hermosas mañas..
A ver las caras de los cuatro me emocioné, me dejaron cuando era tan chiquita que no supe sentir realmente lo que es tener abuelos, no recuerdo mucho, y es triste, me desgarra. Me hubiese gustado tanto contarle a mis abuelos todos los proyectos de vida que tengo, los estudios que estoy realizando, las ganas de cambiar el mundo y la lucha que tengo por uno mucho mejor que el que ellos vivieron. Me gustaría tanto decirles que quiero ser la mejor profesional para ellos, y que les quier devolver todo su esfuerzo.
Me gustaría abrazarlos, sentirlos cerca.
A veces estamos tan acostumbrados a las personas que no las valoramos en lo más minimo, y al perderlas... el vacío es imposible de tapar.
Quizás las lagrimas que me visitan sean las mismas que las suyas cuando se enteraron que iban a tener una nieta, quizás sean las mismas. Quizás este recuerdo me de más vida, me llene el corazón con sus batallas, para tomarlas y llevarlas mucho más allá.
Los tengo presente, hoy y para siempre. El vacío del corazón no se tapa, no se olvida, pero se llena de recuerdos y genera latidos con más fuerzas. Así los tomo yo.
La niña que ayer era sigue sintiendo lo cálido de sus abrazos.
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