jueves, enero 21

El nombre que le ponemos a todo esto que nos pasa

Se siente un rechinar en la cabeza. Como si los surcos, los mares, los vientos y la calma no fueran semejante revolotear de ideas atormentando el mirar.

A lo lejos alguien escucha, alguien mira, alguien siente. Aunque lejos, el dedo índice de una mano roza suavemente todo rincón que se intenta blindar, toca todos los espacios que encuentra en esta biología, ondea toda la suavidad que encuentra en lo llano de las pieles extraviadas que se hundieron de tanto olor extraño, tanto cajón abierto que no deja salir a respirar.
En la dulzura de la noche, la cercana voz se enciende en el encuentro de los perdidos, en otra realidad que se cierra solo cuando nadie vé, se conecta el interior exteriorizando los latidos para contemplar toda mirada, todo gesto, toda expresión, todo sueño. Toda la pacha en su tiempo cósmico ilumina la fé de los incrédulos y es ahí cuando se enciende la llama de los indefensos, la voz de los humildes, con todo el sol por delante.
A lo lejos revolotean los sueños
A lo lejos hacemos carne y cerca,
creamos realidades

No hay comentarios.:

Publicar un comentario