una vez vino un señor
cuarenta y cien
barba negra, grandote,
y me dijo que la gloria estaba en el cielo.
Entonces, rebuscada yo giré
la cabeza y miré hacia arriba
-Pero mi cielo está más lejos...
(sugirieron mis lágrimas
mientras el renegaba
porque a su castillo le sobraban ladrillos).
Me miró a los ojos. Se disparó.
Y me dejó un incognitar revuelto en el alma,
entonces sucumbí dulces siglos y amarré al mundo
-Pero mi cielo está más lejos...
Me decían los nenes que corrian tras una pelota
de papel
y sí.
Su cielo está más lejos
y si
por qué
¿Por qué señor cuarenticién?
...
Sin más respuesta
noté todo.
Y ya sé para que vine.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario